LA DEGRADACION INSTITUCIONAL DEL BCRA Y EL VALOR DEL PESO

Estudio de opiniòn del abogado Tributarista Dr. Marcelo Saleme Murad

En 2012, el Kirchnerismo procedió a remover un obstáculo que le molestaba para hacerse con el control de una entidad cuya autarquía había sido siempre, aunque informalmente, socavada. Me refiero al Banco Central de la República Argentina.

Aún en los papeles, la Ley 24144 que sancionó la Carta Orgánica del BCRA, había consagrado una cierta “independencia” del BCRA, cuya función esencial era “Custodiar el valor de la moneda”. Concretamente, la ley en su Artículo 3° sostenía claramente que: “Es misión primaria y fundamental del Banco Central de la República Argentina preservar el valor de la moneda”.

Es decir que, por lo menos en lo formal, reitero; el BCRA se encontraba autorizado para cumplir un rol específico que no dependía de la política económica que fijara el Poder Ejecutivo.

Con la modificación promovida por el gobierno de Cristina Kirchner, el Congreso sancionó la Ley 26739 que, en un solo párrafo, subvirtió el rol que internacionalmente se atribuye a los Bancos Centrales; y lo sustituyó por un fin político muy alejado de aquél contundente párrafo.

Ahora, el nuevo Artículo 3° dice: “El banco tiene por finalidad promover, en la medida de sus facultades y en el marco de las políticas establecidas por el gobierno nacional, la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social”.

Dicen que cuando los juristas consultaron a Napoleón cómo quería que fuese la nueva Constitución, éste les dijo: “Corta y confusa”. No me consta el rigor histórico de la cita, pero es sin duda lo que ha ocurrido aquí. Así es pues, que Cristina Kirchner amoldó a su modo de entender la misión de un Banco Central que pasó sin pena ni gloria a ser, ya oficialmente, un mero apéndice del Ministerio de Economía. Tal laxitud permitió, entre otras cosas, que se utilizara al BCRA para especular con futuros del tipo de cambio con la moneda estadounidense, resultando de ellos negociados que, actualmente, están analizándose como delictivos en los Tribunales Federales del país.

El párrafo con el que se sustituyó la contundente misión objetiva del BCRA, contiene ahora una serie de vaguedades cuyos límites son muy difíciles de mensurar; y ello es, justamente, lo que se buscaba con la reforma. ¿Qué pueden decir todos los exministros, economistas, asesores y demás funcionarios del último gobierno peronista, cuando sin dudas ni objeciones, aprobaron y apoyaron el derogar sin pena ni gloria la principal función de la entidad rectora del sistema financiero argentino?

Vale decir que en los hechos, la Argentina NO TIENE un Banco Central en el sentido estricto del término. ¿Podemos pedirle, como vemos en éstos días que se hace, al BCRA que preserve el valor de la moneda, cuando según sus propios estatutos, ésa ya no es su misión?.

La degradación institucional de que fue objeto el BCRA no es gratuita. Tiene un costo que paga el bolsillo de todos los contribuyentes.

Recordemos que la emisión descontrolada que se efectuó por el Gobierno anterior, a tal punto en que trascendió que existían billetes con numeración “melliza”, hizo necesario apartar al BCRA de su misión fundamental. No podemos tampoco dejar de mencionar al caso Ciccone, por el cual está preso el Ex Vicepresidente de la Nación; justamente por apoderarse de la imprenta de billetes.

Es decir que la metodología utilizada para emitir sin control, abarcó tanto el vaciamiento material de la Casa de la Moneda, cuanto el vaciamiento institucional del BCRA.

En el actual marco legal por lo tanto, no se puede cuestionar válidamente que el Sr. Presidente del BCRA reciba instrucciones del Poder Ejecutivo, concretamente del Sr. Ministro de Economía; pues es éste –y no el presidente del Banco- quien define las políticas nacionales.

¿Quién vela entonces por el valor de la moneda? Ha pasado éste fundamental ítem a ser algo “secundario” en la entidad. Es así que a nuestra moneda con ésta modificación legal, se le ha asestado en 2012 el golpe final para tener la función de ser medio de atesoramiento, e incluso, para ser medida de valor. Sólo ha quedado como medio de pago y cancelación de obligaciones, porque nuestra legislación civil así lo establece.

No es de extrañarse por lo tanto que los argentinos pensemos en el dólar estadounidense como la moneda que realmente tiene las tres funciones tradicionales, es decir, pago, atesoramiento y medida de valor. No se trata de una “cultura informal”, sino que, con ésta modificación legal efectuada, se ha pasado a nuestra cultura material y formal el desprecio del signo monetario nacional.

La “bajada de línea” que nos realizan los acreedores extranjeros, obligados a auditarnos por nuestra propia indisciplina histórica, en definitiva no conculca nuestro ordenamiento jurídico. Si el Sr. Ministro de Economía le instruye al BCRA cómo actuar, está dentro del marco de la Ley. No puede haber entidad “autárquica” alguna, si en definitiva su objeto es actuar “dentro del marco de las políticas” económicas. Al contrario, se encuentra orgánicamente justificado que el Ministro de Economía acuerde las pautas de la política monetaria.

El rol del BCRA así degradado y vaciado, merecería ser estudiado nuevamente. Al día de la fecha, exigirle al Presidente del BCRA que custodie el valor de la moneda, es un requerimiento que carece de fundamentos legales.

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