CHANCES PRESIDENCIALES DE OLMEDO - FUENTE AMERICA 24

Extraido del sitio de Noticias. Escrito por Pablo Winokur

Está en contra de los derechos humanos, del matrimonio entre personas del mismo sexo, del libre proceso, de la perspectiva de género (“Si yo soy presidente va a ser varón y mujer”, gritaba en su última aparición televisiva), del derecho a huelga, de la inmigración…

En los últimos tiempos anda por los programas con una Biblia debajo del brazo y lee pasajes como si fuera un pastor evangélico, religión a la que adhirió hace tiempo. Además, dice que siempre está acompañado de un pastor.

Aunque integra el interbloque Cambiemos, en los últimos meses empezó a distanciarse del Gobierno y a criticar públicamente a Mauricio Macri. Y lanzó su candidatura presidencial, en lo que en principio parece un delirio más del hombre de la campera amarilla.

Su postulación genera risa en determinados círculos. Aunque si se lo mira un poco más finito, más que risa debería dar temor…

Cualquier encuesta electoral de los últimos meses muestra un escenario similar: electorado dividido en tercios: 30% para Cambiemos, 30% para el kirchnerismo y un 40% que se distribuye entre peronistas no K, izquierda, progresistas y desencantados.

De los votantes oficialistas, una buena parte sostiene su voto en la perspectiva de que este Gobierno recibió una pesada herencia (pasado) y que gracias a sus medidas estaremos mejor el año que viene (futuro). Y que para eso hay que hacer la vista gorda sobre la actual crisis (presente). En definitiva, están dispuestos a sostener un presente negro por un futuro supuestamente mejor.

Y fundamentalmente, una buena parte de ese votante está dispuesto a sostener con su voto y discursivamente a Cambiemos porque es el único que puede evitar en el escenario actual que: 1) Cristina vuelva al poder ; 2) que el peronismo vuelva al poder.

El voto de Cambiemos se consolida así a partir de dos pilares: la expectativa de un futuro mejor y el miedo a volver al pasado. Poco macrista fervoroso queda en el mapa. Esto es una foto de diciembre. ¿Pero qué pasa si alguna de esas dos expectativas no llega tan expectante a las elecciones del año que viene?

Según la última encuesta de la consultora Reyes Filadoro un 71% de la población está a favor de una mayor política de mano dura y 45% cree que la inseguridad aumentó. 85% de la gente  no puede ahorrar nada; 50% no llega a fin de mes; 43% se siente decepcionado con el Gobierno.

Un 60% apoya el protocolo policial de Patricia Bullrich que permite a la policía disparar sin dar la voz de alto, según Management & Fit.

Una encuesta de Opina Argentina de junio determinaba que un 40% de la gente estaba en contra del aborto y solo el 54% estaba a favor. Es de la época en que se votó en Diputados.

Estas encuestas demuestran que existe una base sólida de apoyo a los planteos “delirantes” de Olmedo, aun cuando sus formas puedan parecer extravagantes. La extrema derecha en la Argentina tiene una base sólida del 15% del electorado, lo que no necesariamente se traduce en votos. Hoy esas preferencias se encuentran enmarcadas en Cambiemos ante el rechazo que esas posiciones tienen a una eventual vuelta de Cristina.

El desafío de Olmedo (o de los olmedos de la Argentina) es lograr convencer a ese 15% cautivo y además seducir a parte de ese 70% que brega por políticas de mano dura y no tiene representación.

¿Qué pasaría si las previsiones económicas de Cambiemos no se cumplen? ¿Qué pasaría si Macri no logra revertir la crisis? Peor todavía, ¿Qué pasaría si por algún viento en contra la economía no se estabiliza para la época de las elecciones? Basta con que una parte del tercio de Cambiemos descrea del proyecto (futuro) para que la otra parte (la que teme la vuelta al pasado, es decir Cristina) salte del barco.

Muchos de esos votantes desencantados, no van a ir a buscar otro candidato peronista, porque justamente el 30% que aún en la crisis apoya a Cambiemos es profundamente antiperonista.

Con un Macri en caída libre, una Cristina sólida y un peronismo federal que no termina de arrancar le podría alcanzar a Olmedo con un 25% para llegar a un balotaje. Hay muestras de que al menos un 25% piensa como él, lo diga  o no lo diga.

Y después… en un balotaje entre Cristina y Olmedo el final quedaría muy abierto. Para esa instancia, alcanzaría con que el hombre de la gorra amarilla empiece a moderar su discurso para que aquellos que se definen como antiK por sobre todas las cosas lo empiecen a ver como un estadista moderado.

Esto que parece ciencia ficción, ya sucedió en Estados Unidos con Donald Trump y en Brasil con Bolsonaro, cada uno con sus particularidades. Ambos empezaron con un discurso provocador y de extrema derecha para cautivar a los extremos y se fueron moderando (un poco) al llegar a la elección para captar votos de centro. Y ambos lograron llegar a la presidencia gracias a la confrontación contra el establishment político de su país: en un caso los Clinton; en otro el PT de Lula… Acá tenemos a Cristina.

Esta idea puede aplicar para Olmedo, para José Luis Espert o para cualquier otro que se presente como un outsider de derecha que logre poner en palabras lo que buena parte de la población piensa pero no se anima a decir.

Una vez instalado ese concepto, la dinámica de la polarización puede hacer que la pelota caiga de un lado o del otro de la cancha.

¿Es fácil que todas estas variables se alineen? No. ¿Es imposible? Tampoco.

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