¿CADA VEZ MÁS CERCA DE “FAHRENHEIT 451”? (POR NICOLAS AVELLANEDA)

 

En la célebre novela de Ray Bradbury (posteriormente llevada al cine por el gran director François Truffaut), estaba prohibido leer. Por eso, los bomberos no apagaban los incendios sino que los provocaban en todo aquel lugar donde se hallaran libros. En la Argentina de hoy aún no está prohibido leer, pero el sistema económico que impulsa el Gobierno nacional prácticamente impide editar.

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Tal vez muchos no lo sepan, pero prácticamente todos los insumos necesarios para producir un libro se valúan en dólares: el papel, las tintas, las películas, las chapas, ni hablar de las máquinas impresoras, los repuestos para esas máquinas, todo se cotiza en dólares. Dicho de otro modo: los precios de todos los elementos requeridos para producir un libro, varían a diario, o casi. En el mejor de los casos, lo que antes podía pagarse a 180 días, ahora debe pagarse en no más de una semana, y con suerte.

Si a todo esto se le suma el muy poco apego a la defensa de la industria nacional que exhiben los funcionarios del área económica y del Gobierno en general, y a la excesiva incentivación –a través de diversos medios- de la lectura electrónica, no es difícil de entender la delicada situación que están atravesando las pequeñas y medianas editoriales argentinas, y obviamente también las librerías. Como en tantos otros sectores de nuestra economía, la debacle comenzó a instalarse a comienzos de 2016; desde entonces, y como en un interminable tobogán, la situación de mercado editorial criollo fue de mal en peor. No se salvan, siquiera, las grandes editoriales aunque en este caso, por pertenecer a capitales multinacionales, tienen más espaldas para afrontar el presente.

En este contexto, que no era el que se avisoraba ni mucho menos el que se prometía a mediados de 2015, nació De Ciutiis Ediciones. Surgida como un desafío personal de su creadora y máxima responsable, Vity Martínez, pero a la vez como una apuesta a la Argentina que prometía quien finalmente resultaría electo presidente de la Nación, la nueva pyme del mercado editorial comenzó con buen pie, si por eso se entiende que durante sus dos primeros años y medio de vida publicó un total de 18 títulos, mezclando con buen tino novelas autobiográficas, novelas románticas, investigación sobre trata de personas, aventuras narradas por sus protagonistas y ficción pura. Sin embargo, la realidad económica atentaría contra la férrea voluntad de De Ciutiis que en 2018 no podría editar un solo libro más pese a todas las propuestas recibidas.

Pero lo que es peor es que De Ciutiis puede sentirse, pese a todo, una privilegiada: cada día que pasa cierra una nueva editorial, una nueva imprenta; nuevos diagramadores, diseñadores, correctores e ilustradores se quedan sin trabajo; nuevos y experimentados escritores, narradores y poetas chocan contra los molinos de viento de la economía; nuevas librerías liquidan sus existencias y otras cuantas bajan para siempre sus persianas. Sin embargo, dentro y a pesar de esa espantosa realidad, De Ciutiis sigue peleando. La pregunta, claro, es hasta cuándo. Como dato comprobable del estado de situación pueden mencionarse algunas cifras: de los 84 millones de libros producidos en 2015, se pasó a 63 millones en 2016 y 51 millones en 2017. Los números definitivos de este año todavía no están aunque se sabe que la merma es aún más grande.

Pero como en toda novela negra siempre hay una cuota de humor, y hasta alguna buena nueva, la buena noticia en el caso que nos ocupa es que –apelando al viejo dicho de “a mal tiempo buena cara”- De Ciutiis decidió encarar varias acciones para afrontar el temporal. Entre esas acciones podemos destacar una campaña a desarrollarse a través de los bares porteños para reimpulsar el ya casi perdido hábito de la lectura en esos lugares, muchos de ellos emblemáticos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

También, y como experiencia piloto a desarrollarse en un futuro cercano en un centro cultural del barrio de Palermo, se impulsará la lectura “en vivo” por parte de una o más personas (actores, actrices, locutores, periodistas y/o narradores) de distintos pasajes de diversos libros frente a un auditorio integrado por los ocasionales asistentes a ese local.

Así, y en una Argentina donde cada día es más difícil trabajar, emprender o dar trabajo, De Ciutiis Ediciones apuesta a que los habitantes del país vuelvan a leer libros “de papel”. Para que los escritores puedan seguir escribiendo; para que diagramadores, imprenteros, libreros, diseñadores e ilustradores sigan trabajando.

Y para que “Fahrenheit 451” siga siendo nada más que una gran novela de Bradbury y una excelente película de Truffaut.

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